Al observar las evidencias del proceso de transformación que está viviendo la República Popular China (RPC) se vuelve imperativo preguntarse, de forma objetiva, ¿cómo lo está logrando?, ¿cuáles son las claves para iniciar, continuar, sostener y superar tal dinámica de desarrollo?
Para Wang Xiaoyuan, miembro de la Asociación de Diplomacia Pública del Centro de estudios de problemas internacionales de China, su país sigue trabajando para alcanzar el desarrollo pleno, lo que esperan lograr en el año 2049 pues todavía son una nación «en vías de desarrollo».
Aun con los enormes avances logrados, para China el desarrollo pleno está en un nivel superior, y trabajan para alcanzarlo. «Es una revolución interna la que estamos haciendo», resumió Wang Xiaoyuan en su presentación en Beijing en el Seminario para profesionales experimentados de medios en Latinoamérica, establecido por el Ministerio de Comercio de China y organizado por el Instituto de Investigación y Formación de la Administración de Radio y Televisión de la RPC.
La Nueva China, que tuvo su génesis con la reforma de apertura en 1979, ha ido dando pasos sólidos en su aspiración de desarrollo, aplicando las lecciones de su pasado que dejó un bagaje inconmensurable. Finalizada la revolución, China implementó la economía de mercado socialista, teniendo como modelos los procesos en Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y México, entre otros.
En este viraje jugó un papel fundamental el cambio de mentalidad, impulsado por Dean Xiaoping, dando paso a la industria procesadora, que incluyó la creación de cuatro zonas económicas especiales en la parte sur del país, como un experimento en la búsqueda del mejor modelo, de creación propia, que permitiera a la nación enrumbarse hacia el desarrollo .
Tomar la decisión de insertarse a la cadena mundial de valores le permitió a China superar en 2005 a naciones como Japón, Italia y Alemania, contribuyendo con el 30 % del producto interno bruto mundial, para luego ser comparada su economía con la de Estados Unidos.
El pueblo y autoridades chinas se dieron cuenta de que el viejo modelo político-económico estaba desfasado, no podía seguirse implementando si querían obtenerse resultados diferentes, tomando la decisión de dar paso a nuevas tecnologías, modelos de gobernanza y de desarrollo social, todo de invención propia.
Las discusiones vanas sobre los ismos (semifeudalismo, feudalismo, colonialismo, comunismo, socialismo, capitalismo, liberalismo, neoliberalismo…), que en Occidente se les destina mucha energía y recursos sin mayor resultado efectivo, fueron dejadas a un lado convenciéndose de que “no importa de qué color es el gato, lo importante es que cace ratones”. «Lo más importante es ver los hechos. Tanto ismo que se dice, (pero) si el pueblo no es el beneficiado, no sirve», afirmó Wang Xiaoyuan al cerrar su exposición titulada La Nueva Marcha de China hacia la Modernización.
El pensamiento del presidente Xi Jinping sobre el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva era tiene como fundamento teórico la contradicción entre el desarrollo insuficiente y desequilibrado y la creciente demanda material y cultural, con la meta de ser una sociedad modestamente acomodada a través de una reforma profunda en un Estado de derecho, mejorando el régimen y la capacidad de gobernanza, construyendo un imperio de la ley, fortaleciendo al Ejército, con nuevas relaciones internacionales y la comunidad de futuro compartido.
Cambiar de mentalidad, dejar el confort, revolucionar el pensamiento, ser disruptivo, es lo que muchos países como El Salvador necesitan. En nuestro caso, dicho proceso ha iniciado con la nueva gobernanza. Se están dando pasos importantes, aprendiendo de naciones amigas como China que están dispuestas a compartir su experiencia para crear modelos propios de desarrollo, en una comunidad de futuro compartida. Para algunos, el ejemplo de la RPC es chocante, contrastante, y preferirán seguir el mismo camino andado por siglos o décadas, obteniendo los mismos resultados.
En 2010 el gigante asiático se convirtió en la segunda economía del mundo, contribuyendo con el 30 % del crecimiento económico mundial.
Hace 30 años ninguna empresa china estaba en el índice de las 500 mayores del mundo, ahora hay 119; y pasó entre los años 2000 y 2023 de tener 386 puntos en el Ranking de Presencia Global a 1,941. Son resultados.
Según Wang Xiaoyuan, todavía hay desafíos importantes: la ralentización del crecimiento, la desigualdad social y el desequilibrio regional, lagunas en el imperio de la ley, y en cómo desarrollar las relaciones globales. Pero China no fuera la potencia de hoy si el pueblo y sus gobernantes no hubieran cambiado su pensamiento y estado dispuestos a ser disruptivos.
En 2024 los salvadoreños reafirmaron su deseo de dar continuidad a las políticas del presidente Nayib Bukele, quien en su primer periodo de gestión logró ubicar a El Salvador como la nación más segura del hemisferio occidental, sobrellevar una pandemia global, y en su segundo periodo de gestión continúa impulsando políticas económicas-financieras que beneficien el bolsillo de las familias, generando empleo, potenciando el turismo, poniendo las bases de un nuevo modelo en educación y salud, ampliando y profundizando las relaciones diplomáticas a escala global, de amistad y cooperación.