Los opositores al Gobierno son hijos de la ambición y el resentimiento, pues allí se aglutina gente que ambicionaba un cargo público en la actual administración, pero que por una u otra razón no lo consiguieron, lo que, lamentablemente, les provocó un resentimiento que les es imposible disimular.
Esa oposición también la integra gente que de alguna manera se beneficiaba de la corrupción que imperaba en los Gobiernos anteriores, misma que hoy añoran y a la que quisieran regresar; son, precisamente, los privilegios perdidos los que los mueven a despotricar contra todo lo que hace el actual Gobierno.
Mencionaremos aquí a algunas de esas personas que decidieron caminar por la ruta del odio y declararse enemigos irreconciliables de este país y de su lucha.
Comenzaremos por alguien que hoy critica y acusa, sin embargo, jamás dijo nada cuando su partido gobernaba y robaba millones de dólares.
Hoy ese tipo dice tener una empresa que hace encuestas, la cual no existe, pues los números que presenta en las mediciones que dice hacer son, a todas luces, inventados. Claro, él no necesita números reales, ya que su única misión es hacer ver mal a este Gobierno que, a diferencia de aquel que su partido llevó al poder, sí está haciendo bien las cosas.
Seguiremos con otro que dice ser psiquiatra, pero que en realidad está más loco que el menos cuerdo de sus pacientes. Tiene una voz más áspera que la del «demonio de Tasmania» con la cual se la pasa ofendiendo y diciendo cada tontería que se le viene a la mente.
Durante los anteriores Gobiernos hacía lo que más adora hacer: «Contar cadáveres», por eso sueña con que vuelvan las pandillas y poder así satisfacer su morboso placer.
Es el turno de una opositora que dice ser abogada, la que igual tiene un resentimiento que la consume y que no logra esconder ni bajo toneladas de maquillaje.
Dice también que es creadora de contenido, pero lo cierto es que los pocos argumentos que tiene se le terminan antes de comenzar, por lo que se pasa el resto del tiempo escupiendo odio y vociferando palabras soeces, de esas que solo se oyen en el bajo mundo.
Comparadas con la forma de expresarse de esa dizque abogada, las muchachas de la vida alegre parecen monjitas de un monasterio. Al principio hablaba bellezas del presidente Bukele y de su Gobierno, por lo que queda la duda de si solo buscaba un puesto o quizá infiltrarse para después arremeter desde adentro.
Además de la ambición y el resentimiento, hay opositores a quienes también los carcome la amargura de haber fracasado, son los que se postularon y no fueron elegidos, esos que la mitad de su odio es contra el Gobierno y la otra mitad contra la población.
En virtud del espacio solo mencionaremos a uno más que dice ser antropólogo, alguien a quien Gobiernos anteriores le pagaron una larga vacación en Rusia solo para volver y convertirse en una persona «non grata» para esta sociedad. Le es imposible esconder su resentimiento por haber sido rechazado dos veces en las urnas, tanto así que cada vez que puede lanza insultos en contra de la población.
El más reciente fue cuando llamó «muertos de hambre» a quienes viven en el exterior. Al parecer, se le olvidó que él también estuvo fuera del país, y no precisamente trabajando, sino viviendo de nuestros impuestos.







