Yamileth Andrea Rivas Chávez
Estudiante de primer año de Ciencias Jurídicas -ULS-
Prácticamente en todas las materias que he cursado en la Universidad Luterana, se ha hecho énfasis en que para resolver de raíz todos los problemas sociales del país hay que invertir en la educación pública, y que hay que privilegiar la educación en el área rural hasta ponerla en el mismo nivel que la del área urbana. En sociología estudiamos, aunque brevemente, a Paulo Freire (un emblema de la educación del siglo XX), y este pensador se volvió famoso porque afirmó que “la educación es una práctica de libertad individual y social”, y que sólo con ella puede construirse una sociedad humana con justicia social en la que las personas ejercen a plenitud su ciudadanía.
La educación es considerada la herramienta universal por excelencia que permite que todas las personas puedan desarrollarse en términos individuales, sociales y profesionales en un aura de cultura abierta y en constante cambio. Es por esa razón que la educación -sobre todo la pública- ha sido puesta como un derecho humano fundamental en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y, por tal razón, los gobiernos están obligados a invertir fuertemente en ese rubro. Pero, es necesario que sea una educación de excelencia, es decir una educación con infraestructura digna, moderna, lúdica, inclusiva y equipada tecnológicamente (computadoras para todos los estudiantes del sector público) que sea incluso mejor que la educación privada, porque eso permite que las personas sean ciudadanos plenos y dignos sin importar sus ingresos económicos.
En pocas palabras, invertir en la educación pública (tanto en lo urbano como en lo rural) es invertir en todo lo demás, debido a que ésta tiene un efecto multiplicador que alcanza lo económico, social, cultural, tecnológico e incluso hasta lo político. Es a través de la educación que las personas pueden disfrutar y defender sus derechos, al tiempo que puede construir un mejor país. En el área rural se ha heredado una realidad educativa altamente deteriorada y abandonada por décadas, y eso ha profundizado aún más la desigualdad social, sumiendo a los habitantes de dichas zonas en una pobreza extrema.
En estos momentos, es fundamental y estratégico que el gobierno siga dándole prioridad a la educación pública para que, a partir de ello, el país llegue al progreso económico y el desarrollo social en un clima de paz. Sin duda, la inversión en educación -como prioridad ética- es un camino seguro para una vida sana, con desarrollo físico, mental y emocional de nuestros niños y jóvenes, en cuyas manos estará el futuro del país. Las competencias sociales, la identidad y las relaciones sociales de sana convivencia mejoran significativamente cuando las personas tienen acceso a una educación de calidad y prolongada, y eso es positivo para el futuro de la nación.
Sin duda, el acceso a la educación, sobre todo en el área rural, reduce la desigualdad y las barreras sociales, y eso se ve reflejado en mejores condiciones económicas de las personas. El impacto es aún mayor en el caso de las mujeres. Diversos estudios sobre las condiciones de vida de las niñas (como el “informe sobre el estado mundial de las niñas”, del Plan Internacional), señalan que una mayor escolarización de la mujer reduce la posibilidad de mortalidad infantil de sus hijos entre un 5% y un 10%, y esa es una razón suficiente para invertir mucho más en educación. Por otro lado, esos mismos estudios señalan que una mujer joven, con estudios superiores y económicamente independiente tiene más incidencia en las decisiones familiares, porque la educación fomenta la convivencia, la tolerancia y la solidaridad. Un dato interesante es que: los países con un índice de desarrollo humano más elevado son los que más invierten en educación y, a mayor nivel de escolaridad, mayor salario, más empleo, mayor productividad, y mayor recaudación fiscal. Que la educación aumenta el crecimiento económico es una verdad que nadie se atreve a contradecir.
Está claro que los beneficios de invertir en la educación pública son muchísimos y tienen múltiples repercusiones, los cuales son aún más visibles en el mediano y largo plazo.