La rápida expansión de la inteligencia artificial está obligando a las empresas a replantear la forma en que trabajan, gestionan sus recursos y preparan a sus colaboradores para el futuro. El reto, de acuerdo con el especialista canadiense Darren Gallop, no consiste únicamente en adoptar nuevas tecnologías, sino en hacerlo de manera responsable.
El CEO y cofundador de Carbide abordó estos desafíos durante la conferencia “IA Responsable: redefiniendo el futuro sostenible de los negocios”, realizada como parte de la 14.ª edición de la Semana de la Sostenibilidad y RSE 2026, organizada por FUNDEMAS.
Gallop señaló que la velocidad con la que avanza la inteligencia artificial no tiene precedentes frente a otras tecnologías. En pocos años, la IA pasó de utilizarse principalmente en espacios especializados a incorporarse en diferentes actividades de la vida cotidiana y en los procesos de las empresas.

Esta evolución, explicó, hace necesario que las organizaciones desarrollen una visión de futuro, aunque todavía no sea posible determinar con precisión cómo será el mundo empresarial dentro de cinco o diez años.
Para el especialista, la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta con capacidad para transformar la productividad, el aprendizaje y la toma de decisiones. Sin embargo, su incorporación debe estar acompañada de criterios que permitan determinar qué usos son convenientes para cada organización.
Empresas deben conocer cómo utilizan la IA
Gallop advirtió que uno de los problemas que pueden enfrentar las compañías es desconocer la cantidad y variedad de herramientas de inteligencia artificial que utilizan sus propios colaboradores.
Además de las plataformas autorizadas por las organizaciones, los empleados pueden recurrir a aplicaciones externas que incorporan IA, lo que puede dificultar el control sobre la información compartida y los proveedores tecnológicos.
Ante esta situación, planteó la necesidad de establecer controles internos y evaluar los riesgos relacionados con la seguridad y la privacidad de los datos.
El especialista también subrayó que las empresas deben preguntarse qué usos de la inteligencia artificial son compatibles con sus valores, objetivos y responsabilidades.

El costo ambiental de la inteligencia artificial
La expansión de estas tecnologías también genera interrogantes desde el punto de vista ambiental.
Gallop explicó que los centros de datos necesitan importantes cantidades de energía y agua para funcionar, por lo que el crecimiento de la inteligencia artificial puede incrementar la presión sobre estos recursos.
Entre las posibles respuestas mencionó el desarrollo de instalaciones más eficientes, la incorporación de energía renovable, la mejora de la arquitectura de los chips y el desarrollo de modelos de IA que necesiten menos recursos para operar.
También recomendó que las empresas seleccionen la herramienta de acuerdo con la tarea que necesitan realizar. No todos los procesos requieren los modelos más avanzados o potentes, por lo que utilizar soluciones más eficientes puede contribuir a disminuir el impacto ambiental.
La capacitación como respuesta al cambio laboral
El avance de la automatización también plantea interrogantes sobre el futuro del empleo. Gallop reconoció que algunas habilidades desarrolladas durante años pueden verse modificadas por la incorporación de herramientas de inteligencia artificial.
Sin embargo, sostuvo que esto no significa necesariamente que las empresas deban sustituir trabajadores. Una alternativa es preparar a los colaboradores para utilizar estas herramientas y permitirles concentrarse en actividades que generen mayor valor.
El especialista puso como referencia la experiencia de Carbide, donde la IA ya interviene en una parte importante del desarrollo de software.
De acuerdo con su explicación, esta implementación ha permitido al equipo asumir más proyectos y desarrollar nuevas funciones con mayor rapidez. Para conseguirlo, la empresa ha trabajado en la capacitación de sus colaboradores, el diálogo y la generación de confianza alrededor de la tecnología.

Adaptación y visión empresarial
Gallop también destacó la importancia de construir dentro de las empresas una cultura basada en el aprendizaje y la curiosidad. La gestión responsable de la IA, dijo, no debe limitarse a los departamentos tecnológicos, sino involucrar a directores, gerentes y al resto de los colaboradores.
En ese sentido, recomendó observar constantemente la evolución del mercado, las nuevas compañías y las tecnologías emergentes para detectar oportunidades y posibles amenazas.
Como ejemplo de lo que puede ocurrir cuando una empresa no se adapta, mencionó a Blockbuster y el cambio generado por los servicios de transmisión digital. El caso demuestra, según el especialista, que una organización puede perder relevancia cuando no logra responder a nuevas formas de consumo.
Por ello, aconsejó a las compañías analizar diferentes escenarios, poner a prueba sus estrategias y conservar la capacidad de adaptarse ante cambios inesperados.
Finalmente, Gallop señaló que la inteligencia artificial tiene potencial para incrementar la productividad y ampliar las capacidades empresariales, pero insistió en que las decisiones deben continuar bajo control humano.
Durante la Semana de la Sostenibilidad y RSE 2026, su planteamiento situó la IA como un desafío que debe abordarse desde una perspectiva integral, en la que innovación, seguridad, protección de datos, sostenibilidad ambiental y desarrollo de las personas avancen de manera conjunta.