Pedro Ernesto Ramírez, un agricultor de 82 años originario del cantón Potrero Grande Arriba, en las faldas del volcán de Santa Ana, continúa dedicando su vida al trabajo de la tierra con entusiasmo. A pesar de padecer una hernia que limita parcialmente su esfuerzo físico, Ramírez se mantiene activo en las labores del campo. Su trayectoria lo ha convertido en un referente de perseverancia y productividad para toda su comunidad local.
Actualmente, el productor forma parte de un programa agrícola tecnificado impulsado por la Fundación MurphsLife, enfocado en el cultivo estratégico de fresas. Recientemente, Ramírez recibió un diploma que lo acredita como participante de esta iniciativa económica, la cual busca generar ingresos mensuales de hasta $3,000 para las familias rurales. El beneficiario detalló que se encuentra listo y motivado para iniciar formalmente con la comercialización de esta fruta.
Además de su destacada labor en el agro, el labriego santaneco comparte una particularidad en su entorno personal al haberse convertido nuevamente en padre a los 82 años. Su última hija tiene ocho meses de edad y es fruto de su matrimonio con su esposa, una ciudadana hondureña de 38 años. Ramírez atribuye su notable vitalidad a los cuidados diarios, a su fe y a una alimentación disciplinada.
Finalmente, la historia de Pedro Ramírez demuestra que la edad avanzada no representa un obstáculo definitivo para seguir construyendo proyectos productivos en el sector rural salvadoreño. Su participación en el programa de transferencia tecnológica abre nuevas oportunidades financieras para el bienestar de sus seres queridos. La comunidad aplaude el espíritu inquebrantable de este productor, quien sigue siendo inspiración en el occidente del país.